La dulce hada hoy es negra bruja,
se marchitó su alma blanca de llorar por un sueño.
Matar ella quiere la luz que le queda, y la oscuridad que la envuelve
le roba el último vestigio de diáfana paz.
La pequeña mano que sanaba heridas, hoy sostiene firme
un negro cáliz,
y de tanto beber sus lágrimas, la sangre torturada se vuelve negra y fría.
La dulce mariposa que entregó sus alas,
pensando que eran rosas las palabras lejanas,
pero una lluvia de fuego, negro como sus secretos
le quitó la alegría y la dejó muerta en vida.
Solo le queda un aliento, sólo un vestigio se cuela
por sus hechiceros ojos que aún le brillan y velan,
aún la noche del tiempo no la devora y espera
que se muera el sol interno o el destello que le queda,
aún su sangre esta tibia, no se ha vuelto de cera
aún le queda un latido de amor por todos los seres.
La dulce hechicera no quiere entregarse a las tinieblas,
pero un ser de las sombras ha querido ver su muerte.
Ella lucha contra el fuego negro que la llena
de un poder ilimitado, que destruye a los que toca.
Su misión en esta vida le fue dada en los comienzos
para que pueda sanar a los seres con su magia;
también le fue ordenado consolar a los que sufren y
y su voz tiene la magia de calmar al que la escucha.
No dejes que la noche caiga sobre tu diáfano reino
aún tu puedes si quieres, ser la luz en sus tinieblas.
Mira en tu pecho herido,los rayos de luz que se escapan
por la huella que ha dejado la cruel garra de…
tu destino es ser la guerrera que camina entre las sombras,
sin que por ello se tiña de negro tu alma noble.
sábado, 6 de febrero de 2010
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