Aprieta la espada con garras de acerado filo; cerca del sol por vastedades solitarias, ella está en guerra con el mundo celeste. La tierra yerma por debajo gime; el àguila mira las estrellas que arden en su pecho y deja oir su voz como un rayo que hiere el Sahara y cae desde entonces, como una lluvia de ardientes y azules destellos sobre las calcinada arenas .

lunes, 22 de febrero de 2010

Ŷibrān Jalīl Ŷibrān ibn Mijā'īl ibn Sa'd

Amigos míos y compañeros de ruta, compadeced a la nación que está llena de creencias y vacía de
religión.
Tened piedad de la nación que lleva vestidos que no teje ella misma, que come un pan cuyo trigo no
cosecha y que bebe un vino que no mana de sus propios lagares.
Compadeced a la nación que aclama a un fanfarrón como a un héroe, y que considera bondadoso al
oropelesco y despiadado conquistador.
Compadeced a la nación que desprecia las pasiones cuando duerme, pero que, al despertar, se somete a
ellas. Compadeced a la nación que no eleva la voz más que cuando camina en un funeral, que no se
enorgullece sino de sus ruinas, y que no se rebela sino cuando su cuello está colocado entre la espada y el
zoquete de madera.
Compadeced a la nación cuyo estadista es un zorro, cuyo filósofo es un prestidigitador y cuyo arte es un
arte de remiendos y gesticulaciones imitadoras.
Compadeced a la nación que da la bienvenida a su nuevo gobernante con fanfarrias, y lo despide con
gritos destemplados, para luego recibir con más fanfarrias a otro nuevo gobernante.
Compadeced a la nación cuyos sabios están aniquilados por los años, y cuyos hombres fuertes aún están
en la cuna. Compadeced a la nación dividida en fragmentos, cada uno de los cuales se considera una
nación.

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