Volando en la noche
desgarrando su gélido silencio
destrozas con heridas mi carne,
señor del pecado y el engaño.
Todos los demonios te buscan con avidez,
te aman y te odian,
te escudriñan y te temen,
pero todos ansían que ardas en su fuego.
Tu reino es el deseo voluptuoso,
lleno de eternos y oscuros goces,
donde nada es prohibido,
tan solo la tristeza y el llanto.
Eres guardián y siervo de la oscuridad,
dueño de los eternos lagos de lodo ardiente,
entregaste tu vida y tu muerte al reino de la nada;
estas impregnado de maldad y miseria.
Tu piel reluce bañada por repugnantes formas,
y tras su frágil y dulce aspecto,
su dureza y color es la del acero,
en ella ocultas la miel y el veneno.
Todo lo bueno y puro que se une a ti contamina sus blancas alas,
cruzas a cada instante los umbrales de la oscuridad
cubriendo con tu pestilencia todos los sentidos,
en tu eterna búsqueda del deseo...
lunes, 5 de abril de 2010
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