El odio es un sentimiento que moviliza a las personas. ¿Por qué negarlo? Esto no quiere decir que sea algo positivo; de hecho, sentirse bien y sentir odio son dos situaciones contradictorias. Sin embargo, el odio despierta la acción de la gente y la necesidad de canalizarlo a través de la acción.
Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido antipatía o aversión hacia algo o alguien cuyo mal se desea, tal es la definición que realiza la Real Academia Española sobre el odio. Lo importante es que ese sentimiento sea pasajero y no se transforme en un rencor que nos contamine el alma. Cuando el odio se vuelve patológico, la persona se transforma en un ser oscuro, resentido y lleno de dolor.
Ya que nadie está exento de sentir odio, lo importante es cómo se resuelve (o cómo se canaliza, para retomar lo que decíamos algunas líneas más arriba).
lunes, 5 de abril de 2010
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